El innegable atractivo comercial ofrecido por una propuesta como Dune no tardó en generar una surtida franquicia de libros, muñecos, historietas y otros productos que recogen aspectos de la inabarcable fábula. Acusando tenaces revisiones, los lucrativos vídeojuegos ofrecen desde el pionero Dune - una curiosa mezcla entre aventura gráfica y estrategia lanzada en 1992 - un generoso abanico que oscila entre grandes aciertos (Dune: Emperor, Spice World: Dune), productos aceptables (Dune II: Battle for Arrakis, Dune 2000) y francas decepciones (Frank Herbert's Dune).Quien primero lo intentó fue Arthur P. Jacobs, el célebre productor responsable de llevar al cine la inquietante Planet of The Apes. Tras adquirir en 1968 los derechos para filmar Dune, su repentina muerte en 1973 abre una incógnita fascinante sobre sus eventuales resultados.
Sobre la legendaria versión que pretendió rodar en 1974 el artista multidisciplinario Alejandro Jodorowsky corren ríos de tinta. Respaldado en la fortuna del filántropo Michel Sidoux, el chileno concibe un ambicioso proyecto que incluye al dibujante Moebius, los pintores Hans Giger, Chris Foss y Salvador Dalí (éste representando al emperador Shaddam), Orson Welles e incluso Pink Floyd, a quienes se encargaría la banda sonora. La empresa acaba desmoronándose por su propia magnitud y aunque Jodorowsky no reconoce añoranzas al respecto, no son menos ciertas las semejanzas que acusa su novela gráfica La Casta de los Metabarones con la epopeya de Herbert (más detalles en http://gxlblog.blogspot.com/2007_08_01_archive.html).
Su relevo es tomado en 1984 por el produtor Dino de Laurentiis, confiando al entonces promisorio David Lynch un presupuesto de 47 millones de dólares asignado en un principio a Ridley Scott. Pero ni el contundente elenco (que lideran Kyle MacLachlan, Max Von Sydow y el cantante Sting) ni los aciertos atmosféricos conseguidos por diseñador Carlo Rambaldi y el grupo Toto (asesorados por Brian Eno en la banda sonora) salvan al filme de ser considerado una excentricidad pedante que el propio Lynch lamentó; ironías del arte, su adaptación al cómic firmada por el extraordinario Bill Sienkiewicz obtendrá una cálida acogida en el medio.
El fracaso de la película hizo que muchos vieran en la televisión un vehículo más idóneo. Con un elegante retrato escénico europeo, Dune es revisada el 2000 en tres episodios dirigidos por John Harrison e interpretados por William Hurt, Alec Newman y Saskia Reeves, los cuales lucen un tratamiento más exhaustivo y comprensible de la obra; y si bien llovieron críticas sobre el vestuario y el perfil dado a los personajes, los resultados generales permitieron una secuela (Children of Dune) que terminó de abarcar la primera trilogía literaria.
Una Doctrina Perenne
Publicada lustros después que los grandes clásicos del relato fantástico – 1984 (1949), Crónicas Marcianas (1950), Farenheit 451 (1953), Fundación (1951-1953) y El Señor de los Anillos (1954-1955) – Dune acusa una distancia con sus antecesoras que rebasa lo cronológico. Ajeno a clasificaciones mezquinas, su renovador espíritu supera el escapismo Space Opera para explorar un futuro donde los cambios se reflejan en la transformación intelectual de los hombres y sus estructuras sociales; nadie hasta Herbert se aventuró tanto al especular sobre la evolución de la mente humana, ni logró retratar una sociedad remota basándose en sus estructuras religiosas y ecológicas.
Además, la novela se atreve a obviar una tecnología inteligente (computadoras) para ofrecer en su lugar desolados desiertos e interrogantes filosóficas; una aparente limitación que abre una parábola de múltiples lecturas, donde las consecuencias de legar el poder a ‘superhombres’ y no a la responsabilidad de una humanidad consciente respaldan la importancia que reside en la propia cognición. Así como el héroe evoluciona desde su niñez hasta alcanzar los senderos que lo ungirán como un dios, Dune continúa marcando nuevos senderos a la ficción venidera, elevando su intemporal prédica cuarenta años más tarde.
"A la gente cuyas labores van mas allá de las ideas’; a los ecólogos de tierra árida - donde quiera que estén, en cualquier tiempo - éste esfuerzo a predicción es dedicado con humildad y admiración”.
- Frank Herbert (1920-1986)











