martes, diciembre 26, 2006

SER TERCERO ES PERDER... o los odiosos lujitos que se permite un País Rasca

Fue en pleno apogeo de la dupla mundialista Sa-Za cuando cierto estelar televisivo se atrevió con un singular bloque humorístico, donde una tópica familia celebraba las cualidades futbolísticas de su hijo mientras ignoraban al hermano más estudioso que acababa de ganar la beca presidencial. El espacio se extendió por breves ediciones, repercutiendo un tanto en la siempre sensible fibra del público.

¿Por qué recuerdo todo esto? Pues esas viejas imágenes detonaron mi memoria al saber que el Círculo de Periodistas eligió a Matías Fernández como el mejor deportista chileno para el año 2006, dejando en el camino a meritorios candidatos en la línea del motociclista “Chaleco” López o nuestras campeonas internacionales de hockey, quienes ofrecieron a las cámaras un justificado descontento. No es que esperase una soberana lucidez en la mentada institución – según varios colegas, su único aporte es mantener un buen abogado defensor –, pero escuchar al sempiterno timonel Aguad replicar que las chicas tenían un bajo desempeño en el extranjero fue simplemente impresentable.

Como suele darse por estos lados, faltó una mayor altura de miras para hacer justicia a nuestros reducidos triunfadores, en particular a estas atletas que trabajaron contra la indiferencia acusada por el medio local y tuvieron en sus padres a los únicos promotores e incondicionales ¿Que su rendimiento afuera es bajo? Aquí hablamos de campeonas MUNDIALES, no de los triunfos morales evocados eternamente por una afición anclada en la ya mohosa ‘epopeya’ del 62’, la cual sigue venerándose como la más sonada de las victorias. ¡Fue un tercer lugar en casa, por Dios! Tan sólo cumplieron con lo mínimo.

Y aunque no estoy por crucificar el desmedido gusto chileno por el fútbol (presumir de ‘despreciarlo’ es una pose artística demasiado repetida), su misma sublimación es la mejor muestra de nuestra tosca idiosincrasia: Ni la mítica Sub-17 con Neira y Rozental ni la selección olímpica que comandó Zamorano llegaron más allá del tercer puesto, mismo que aquí se celebró con carnavales y visitas a la Moneda; las ‘Rojitas’ fueron recibidas en un Parlamento semivacío, donde los escasos congresistas presentes se tomaban fotos junto a ellas cuando muchos ni siquiera sabían que el campeonato se realizó en Chile.

Lo peor es que no hablamos de un caso aislado: Los recientes campeones mundiales de pesca submarina – sí, también chilenos - costearon su estadía en el país del último certamen (Portugal) nada menos que mariscando en su tiempo libre; utilizando además un reloj de competición encontrado entre unas rocas, pues el suyo lo vendieron para poder viajar. Colo-Colo perdió de local en una Copa Sudamericana que mal remeda a la más digna Libertadores y exhibe como su mayor logro 2006 el triste torneo nacional ¿Amerita entonces tanto bombo?

Con todo, no se trata tampoco de negar los méritos de Fernández: El “Matigol” es con diferencia la mayor promesa que ha visto el fútbol chileno en décadas (incluso por sobre los mediáticos Zamorano o Salas) y el candidato más seguro a continuar la tradición que inmortalizó a Caszely y Figueroa. Pero también lo fueron en su momento Pinilla y Rozental, cuya proyección internacional cesó ni bien pisaron pasto extranjero; para más remate, el Colegio de Periodistas sí reconoció con el dichoso galardón a éste último, precisamente en la época del sobreestimado tercer lugar en el mundial Sub-17.

En fin, para qué extenderse. Otra vez el deporte da muestras de esa ingratitud nacional radicada en todos los aspectos de la cultura; en Chile las “Rojitas” son historia pasada y hará falta que consigan un campeonato intergaláctico para ser tomadas en serio; o bien que mueran trágicamente. País rasca, nomás.

lunes, diciembre 25, 2006

EL PLANETA MÁGICO DE RANKIN-BASS

Referencia obligada en la programación navideña, sus especiales y películas pintaron de fantasía las viejas festividades.

Parece majadero afirmarlo, pero es difícil pensar en mejores navidades que las de antes. Tal vez sea una mera cuita romántica, pero en los eternos años de infancia nuestros pinos se decoraban con cariño, el pan dulce sabía mejor y la televisión se engalanaba con sus mejores programas para esperar las celebraciones; todo en el breve universo de diciembre.

Mirándolo así, es difícil pensar en una Navidad sin Rankin/ Bass, la legendaria firma que iluminó a dos generaciones de espectadores con clásicos perennes en la retina popular. Tan sólo un paso atrás de la omnipotente Disney, compensaron con creatividad e ingenio las limitaciones económicas, asegurando su lugar en el recuerdo gracias a inolvidables filmes que dieron forma definitiva a la mitología navideña.

Por una Nariz

Fundada en 1960 por Arthur Rankin Jr. y Jules Bass, la entonces llamada Videocraft International realiza sus primeros trabajos en el terreno de la publicidad, derivando poco después en revisiones televisivas de relatos populares como Pinocchio (1960) y Tales of the Wizard of Oz (1961). Estas tempranas experiencias sirven para experimentar con el Animagic, proceso de animación mediante figurines móviles que ya utilizan artesanos como George Pal (Puppetoons) o Art Clokey (Gumby).

Las primeras incursiones tienen relativo éxito, pero la firma no ceja y para 1964 acierta con un especial navideño producido por la General Electric y emitido por NBC que refería a una vieja canción navideña del compositor Johnny Marks: Rudolph the Red-Nosed Reindeer, recreando la historia de un pequeño reno cuya nariz roja le trajo burlas entre sus compañeros, pero que con mucho esfuerzo consigue finalmente liderar el trineo de Santa Claus.

Al ser un relato ya animado por el prestigioso animador Max Fleischer dos décadas antes, las exigencias no son pocas. Apoyados en el talentoso narrador Burl Ives en el rol de Sam the Snowman, los creativos buscan además el respaldo del propio Marks, como recordó después Arthur Rankin: "La canción le trajo muchos ingresos desde que la popularizó el vaquero Gene Autry y temía que sobreexponerla interferiría con ese éxito. Pero como él era mi vecino en aquel tiempo, insistí cada día hasta persuadirlo de participar”.

Estrenada el 6 de diciembre de 1964, Rudolph arrasa en sintonía y con los años se convierte en el programa navideño más retransmitido en la historia de la televisión. Su particular estilo visual (con personajes semejantes a muñecos esféricos) acabaría por convertirse en el distintivo de Rankin/Bass, que confió su realización al experto japonés Tadahito Mochinaga. A ello se suma la labor del mencionado Marks, traducida en la música incidental y siete canciones originales que para el año siguiente sumaron el corte Fame And Fortune, reemplazando la secuencia original We're A Couple Of Misfits.

Clásicos Estacionales

Los beneficios generados por Rudolph llevan a que la productora capitalice sus esfuerzos mediante diversos filmes y animaciones. 1965 marca su debut en la pantalla grande con el largometraje Jackie Bean and the Fabulous Time Machine, seguida en 1966 por el Oso Fumarola y su cruzada contra los incendios forestales en el recordado especial The Ballad of Smokey Bear (narrado por James Cagney). Pronto se agregan nuevos programas festivos, los cuales giran en torno al Día de Acción de Gracias (con Cricket y The Mouse on the Mayflower) e incluso Halloween, con el Mad Monster Party (recogiendo una de las últimas apariciones del mítico Boris Karloff).

Pero los creativos no dejan atrás las raíces navideñas y retoman otro antiguo villancico para ofrecer en 1968 una nueva perspectiva sobre el nacimiento del niño Jesús en The Little Drummer Boy (El Pequeño Tamborilero). Posteriormente, el legendario compositor Jimmy Durante canta y relata en 1969 la historia de Frosty The Snowman, para terminar en 1970 con el especial Santa Claus Is Comin' To Town, último de los denominados “Cuatro Clásicos” y que tuvo a los prestigiosos Fred Astaire y Mickey Rooney en los roles del cartero/narrador S.D. Kruger y Kris Kringle (Santa Claus), respectivamente. Como curiosidad, cabe señalar que el gélido pueblo donde reside el severo burgomaestre Meisterburger (Paul Frees) sería copiado por el director Tim Burton para dar forma al New York del siglo 18 en Sleepy Hollow.

Los Prolíficos Setenta

La siguiente década encuentra a Rankin/Bass en dura lucha por abrirse hacia nuevos públicos. Ya sea en animación tradicional o animagics, sus nuevos productos buscan espacio entre la audiencia infantil de los sábados con series sobre grupos musicales (The Jackson 5ive, The Osmonds), peripecias urbanas (Willie Mays and the Say-Hey Kid, 1972) o aventuras varias (The Red Baron, 1972), mientras seducen al segmento más adulto con ingeniosas sátiras como The Mad, Mad, Mad Comedians (1970), The Emperor's New Clothes (1972), Mad, Mad, Mad Monsters (1972) o That Girl In Wonderland (1974).

Pero esto no significa abandonar los productos tradicionales y en 1971 se realiza un primer especial de Pascua con Here Comes Peter Cottontail. Estelarizado por las voces de Danny Kaye (narrador), Vincent Price (Irontail), Casey Kasem (Peter) y Paul Frees (Santa), el filme se basa en la novela de 1957 The Easter Bunny That Overslept, resultando además muy peculiar al incluir un protagonista que visitaba otras festividades.

Nuevos especiales navideños se suceden con The Year Without a Santa Claus (1973) y 'Twas The Night Before Christmas (1974), hasta tocar el cielo nuevamente en 1975 con The First Christmas: The Story of the First Christmas Snow. Si bien su metraje no superaba la media hora, logra cautivar a la audiencia con su relato sobre un pastorcito ciego que anhela experimentar la Navidad, amén del estupendo trabajo efectuado por Angela Lansbury (Hermana Theresa) y Cyril Richards (Padre Thomas), junto a la inclusión del clásico de Irving Berlin White Christmas.

La década redondea con especiales y secuelas de sus primeros éxitos, destacando por méritos propios Nestor The Long-Eared Christmas Donkey (Néstor, el Burrito de las Orejas Largas, 1977) y la muy célebre Jack Frost (Juanito Escarcha, 1979). Para los años ochenta, entregas más espaciadas terminan centrándose en las festividades navideñas, donde Pinocchio's Christmas (1980), The Leprechaun's Christmas Gold (1981) y The Life And Adventures Of Santa Claus (1985) - basado en una historia de L. Frank Baum (El Mago de Oz) – cierran una etapa dorada.


Reinos de Aventura

Descontando su avenencia a las festividades, Rankin/Bass también se interna en el filón aventurero con producciones de esmerada ejecución. Primero fueron las cintas de imagen real King Kong Escapes (1968) y The Last Dinosaur (1976), sucedidas por dos revisiones a la Tierra Media de J.R.R. Tolkien hoy extrañamente olvidadas: The Hobbit (1977) y The Return of the King (1980).

Cabe preguntarse por la curiosa selección de los episodios filmados, consistentes en una precuela a la saga The Lord Of The Rings y su episodio final ¿Por qué no se rodaron las dos primeras partes? Porque sus derechos ya habían sido vendidos al productor Saul Zaentz y éste prefirió respaldar la polémica versión dirigida por Ralph Bakshi en 1978.

Mención especial merece El Vuelo de los Dragones, largometraje que recrea el universo literario de Gordon y Peter Dickson en sus obras The Dragon & George y The Flight of Dragons, respectivamente. Presentando a Don Mc Lean en el tema principal y un elenco de voces que incluye a John Ritter, James Earl Jones y Victor Buono, su estreno en 1986 le convierte en un clásico instantáneo reverenciado hasta hoy.

Con todo, su mayor acierto en el terreno de la acción lo representan los Thundercats (1985), cuyo fuerte impacto comercial lleva a imitar su estructura básica en las sucesoras Silverhawks (1986) y Tigersharks (que integraba la serie genérica The Comic Strip en 1987); si bien ninguna repite el éxito de los Felinos Cósmicos.


Hasta Siempre

Una vez cancelada The Comic Strip, RB se sume en un discreto silencio y pasa la siguiente década sin estrenar especiales o películas. Ambos socios se retiran a sus vidas personales, hasta que en 1999 unen fuerzas con Morgan Creek y Nest Entertainment (creadores de la trilogía animada The Swan Princess) para animar el musical El Rey y Yo, obteniendo un fracaso de crítica y público que alienta su decisión de liquidar la sociedad en términos amigables. Desde entonces, sólo Jules Bass mantendría presencia en el mercado gracias a Herb, el Dragón Vegetariano, primer personaje infantil desarrollado específicamente para explorar el vegetarianismo en los niños.

No obstante, la sorpresa llega la Navidad del 2001 cuando Fox Network pone al aire el primer especial de la casa en 16 años: Santa Baby! Basado en otra popular canción navideña, presentó las voces de Eartha Kitt y Gregory Hines para la primera producción con protagonistas afroamericanos, siendo además el último material ofrecido hasta la fecha.

Los años han pasado y la magia de Rankin/Bass permanece inalterada. Muchos de sus especiales se transmiten cada año en la televisión estadounidense, pudiendo hallarse algunos en formato DVD. Tampoco debe olvidarse su concurrido sitio web, punto de encuentro donde el cronista Rick Goldschmidt sirve como principal consultor en restauraciones y lanzamientos domésticos...

Aún así, sus mejores momentos han sabido envejecer con dignidad en la evocación de niños ya antiguos, ciudadanos de días más gentiles que a veces asoman desde la nostalgia. No es excesivo decir que, en más de un sentido, esa Navidad se fue junto a ellos.

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sábado, diciembre 23, 2006

SMILE FOR ME, BETTIE PAGE (Parte 3)

Los años sesenta trajeron el olvido para la mítica modelo, acaso un tanto insulsa para una década más desprejuiciada e intensa. No será hasta al decenio siguiente que sus viejas películas y fotografías reaparezcan desenterradas de archivos privados, en una dinámica intermitente que se mantuvo hasta hace pocos años.

El auge de la contracultura en los 80’s trajo de vuelta el mito de Bettie Page. Intrigados por su misteriosa desaparición, ilustradores como Olivia DeBerardinis y publicaciones en la línea de The Betty Pages evocaron al icono en retrospectiva, al tiempo que los medios especializados se lanzaron a una búsqueda nacional por su paradero.

Con todo, corresponde al dibujante Dave Stevens el mérito de redescubrirla, si bien insiste cortésmente en negarlo. Cuando a mediados de 1980 buscaba una heroína para su historieta The Rocketeer, el entonces novel artista recordó a la Pin-Up Girl de las viejas fotos que sus padres guardaban en el baúl y la tomó como inspiración; pero al avanzar en su obra, el interés creció junto a la curiosidad hasta decidirse finalmente por una partida personal que lo llevó a dar con su dirección.

Entrevistas posteriores recogen su sorpresa al descubrir que - mientras ciertos fotógrafos seguían beneficiándose con el viejo material - Bettie no recibía porcentaje alguno y vivía de la Seguridad Social en una casa compartida que le asignaron en las afueras de Los Angeles. A instancias de Stevens (quien se convirtió en un asiduo visitante, chofer ocasional y amigo cercano), la ex modelo aceptó encarar al mundo en 1993, encontrando un multitudinario culto a su figura del cual nunca se enteró.

De este modo (y con la única petición de aparecer en sombras) la legendaria cover girl fue objeto de sendos reportajes en la prensa y televisión, mismos que coincidieron con el hallazgo de una extraviada copia del clásico Teaserama en un galpón. Hoy parece tomarse una revancha por los años perdidos, atendiendo periódicamente su página web oficial mientras sigue firmando fotos, historietas y algunas láminas a dibujantes autorizados como Olivia DeBerardinis, Jim Silke, Greg Teakston o Robert Blue.

Próxima a cumplir 84 años, Bettie Page es una sencilla mujer dedicada a cuidar de sus plantas y que rehuye la rutina atendiendo ocasionales invitaciones, como la extendida por Hugh Hefner para el Cincuentenario de la revista Playboy el 2005. Ya no desea ser fotografiada por nadie, aunque sus más cercanos aseguran que conserva la sonrisa y rasgos faciales de cuando posaba para sus amigos Art Amsie, Sam Meaning o Bunny Yeager.

Era cosa de esperar para que las productoras se interesaran por el mito, como lo demuestra un grupo teatral de Chicago que representa semanalmente pasajes sobre su vida. Dos años atrás, una productora independiente estrenó la discreta Bettie Page: Black Angel, pero los intentos de mayor envergadura naufragaron constantemente desde que Martin Scorsese fracasara en adaptar el original de Karen Essex y James Swanson Bettie Page, The Life of a Pin-Up Legend (cuyo rol protagónico se asignaba a Liv Tyler).

El proyecto fue retomado por la directora Mary Harron (American Psycho) y la actriz Guinevere Turner (Chasing Amy), las que elaboraron un guión para HBO inicialmente titulado The Ballad of Bettie Page. Rebautizado finalmente The Notorious Bettie Page, el telefilme cuenta con la participación de Gretchen Moll (reemplazando a la Turner) y ya se encuentra disponible en DVD tras un exitoso paso por el circuito independiente.

Sin duda que el futuro promete nuevas historias sobre Bettie Page, icono moderno que superó en belleza y feminidad los estándares corrientes. Vulnerable y perversa, tímida y atrevida, sencilla y exótica, el secreto encanto de sus contradictorias personalidades instaló a la morena de Nashville en el corazón de la nostalgia; evocando para sus fanáticos admiradores - entre quienes se cuenta humildemente quien suscribe - a la definitiva Pin-Up Girl en el panteón de nuestros Imposibles.

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martes, diciembre 19, 2006

SMILE FOR ME, BETTIE PAGE (Parte 2)

Para octubre de 1950, la jovencita de 27 años adquiere una discreta popularidad al convertirse en la Pin-Up Girl más solicitada del medio. Ofreciendo un singular contraste al fenómeno desatado por Marilyn Monroe, Bettie Page es la favorita de una prensa marginal que se rinde embobada ante sus ojos azul piedra, cuerpo bien cuidado y luminosa sonrisa; no en poco ayudaron sus incipientes desnudos, publicitados con generosidad por el editor Robert Harrison en sus populares títulos para adultos Wink, Eyeful, Titter y Beauty Parade.

No obstante, el verdadero revuelo asomará por senderos insospechados, cuando al año siguiente es presentada con los productores Irving y Paula Klaw. Considerados los Walt Disney del entretenimiento adulto, los hermanos Klaw hicieron del fetichismo un lucrativo negocio de venta por correo, donde las filmaciones y fotografías salpicadas por desafiantes mujeres e infinitos tacones de aguja se convirtieron en su lacerante marca de fábrica.

Resulta algo insólito imaginar a Bettie en sociedad con los Klaw, pero lo cierto es que estos supieron sacarle provecho en sesiones fotográficas propias del bondage y el spanking (atada y azotada) que ofrecían cuadros perturbadores al pasear su candor ingenuo de american girl en tacones de aguja y feroces bikinis. La perplejidad inicial de sus admiradores dio pronto paso al morbo, generándose excelentes ventas que motivaron la realización de cortos (Betty and Her High Heel Shoes; Betty Gets Bound and Kidnapped) e incluso largometrajes como Strip-O-Rama (un destemplado burlesque protagonizado por Lily St. Cyr), Teaserama (1953) (junto a la legendaria stripper Tempest Storm) o Varietease (1954).

Descontando cualquier polémica, los beneficios le permiten retomar sus antiguos intereses y en 1953 audiciona por una plaza en el Sea Cliff Summer Theater de Long Island, siendo felizmente aceptada bajo el tutelaje de Herbert Berghoff. Será él quien le consiga numerosos roles en varias producciones off-Broadway como Time is a Thief y Sunday Costs Five Pesos, a las cuales se suman otras tantas apariciones televisivas que culminan en The Jackie Gleason Show.

A estas alturas, Bettie estaba en la cumbre de su carrera: Las fotos, las películas y los cómics para adultos acrecientan la fama de quien en 1955 es nombrada Miss Pin-Up Girl of the World y “La Chica con el Cuerpo Perfecto”. Incluso posa para la fotógrafa y ex modelo Bunny Yeager, quien vende una de las tomas a Playboy convirtiéndola así en la Playmate de enero 1955, tras desmentir un affaire sentimental con Hugh Hefner (El mercado del coleccionismo lo sitúa como el ejemplar de más valor, tras el número 1 con el conocido desnudo de la Monroe). Sus fotos adornaban afiches, carátulas de discos, juegos de naipes… Y entonces vino la debacle.

¿Musa del Pecado?

A finales de 1955, la paranoia conspirativa que llegó a conocerse como “Caza de Brujas” (por su odiosa persecución contra todo aquello que en apariencia atentase contra los valores estadounidenses) se deja caer sobre los Klaw, quienes son denunciados por el senador de Tennessee Estes Kefauver y afrontan cargos de obscenidad. Los medios de prensa no tardan en caer sobre Bettie, mientras esta atraviesa el proceso intentando papeles secundarios para obras veraniegas, muestras de teatro estudiantiles y apariciones en televisión; todo con la esperanza de llegar a Broadway. El veredicto del jurado causa la ruina de los Klaw - junto a un fuerte decaimiento en la salud de Irving -, arrastrando también los anhelos de la modelo en su tácita “complicidad”.

De regreso en el modelaje, los siguientes años la encuentran posando para Camera Clubs y gente como Jan Caldwell, H. W. Hannau, y Bunny Yeager en inolvidables sesiones al aire libre que proveerán estupendos portafolios (Bettie in the Jungle es el más recordado). Sin embargo, en 1957 abandona definitivamente New York para fijar residencia en Florida, finalizando su carrera a los 34 años sin mayor publicidad.

Las razones de su decisión nunca quedaron claras. Aunque al promediar los años noventa confesó en una entrevista que se sentía vacía en su éxito, no es menos cierto que el juicio a los Klaw acabó afectando su imagen pública, una razón plausible para iniciar su búsqueda de un consuelo en la religión (como efectivamente hizo). Ya en el anonimato, volvió a casarse dos veces (en 1958 y 1964) con sus consiguientes divorcios y se movió por California, Tennessee, Illinois y Oregon, probando trabajos de profesora, secretaria y consejera para madres solteras adolescentes... La mítica Bettie Page desapareció del mapa, entregada por fin a una vida normal en la cual diji sentirse más viva que nunca: “Las apariencias son engañosas – declaró -: En mis breves períodos de matrimonio tuve más sexo que en todos mis años de carrera”.

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martes, diciembre 12, 2006

SMILE FOR ME, BETTIE PAGE (Parte 1)

Con nocturnos cabellos azabache y una sonrisa chispeante, Bettie Page fue más que una bella modelo Pin-Up: era simplemente la mejor. Legendaria tanto hoy como en sus días de gloria, cada faceta de su vida y personalidad genera interés e inspira devoción en los fanáticos que siguieron su carrera hasta su misteriosa desaparición, donde las numerosas contradicciones sólo agregaron fuerza a su carismática personalidad.

Candorosa y traviesa, vergonzosa y atrevida, simple y exótica… Bettie deslumbró con una frescura nunca vista hasta entonces en la industria del modelaje. Sin elaborados respaldos, vestidos o escenarios, produjo algunas de la tomas más bellas que agraciaron las portadas con su terso bronceado y esos profundos ojos azules que – unidos a su inocente aire de girl next door - se convirtieron en un verdadero sello personal.

Mismo que se mantiene vigente tras medio siglo desde su desaparición, inspirando las fantasías de nuevos seguidores atraídos por el auge y caída de quien deslumbró el espectáculo por siete años, para después ser superada por su propio mito.

Cuarto Creciente

Nacida en Nashville (Tennessee) el 22 de abril de 1923, Bettie Mae Page fue la segunda entre los seis hijos del mecánico Walter Roy Page y Edna Mae Pirtle, esforzada mujer de ascendencia cherokee. Siendo de condición humilde, los Page deben recorrer constantemente el país buscando estabilidad económica, por lo cual la pequeña debe responsabilizarse a muy temprana edad de sus hermanos y ayudar a su madre en las tareas domésticas.

Ya en plena época de la Depresión, el escenario empeora cuando el mujeriego Roy es encarcelado por robar un automóvil. Los problemas de años pronto concluyen en el divorcio, tras lo cual Edna Mae busca salir adelante trabajando a dos turnos (como peluquera en el día y por la noche en una lavandería) mientras Bettie pone control en la casa; pero la situación acaba por superarles y la joven acaba internada junto a sus hermanas en un orfanato de Nashville por casi un año, en espera de que la madre ahorre dinero.

Las numerosas privaciones no desaniman a la sonriente Bettie, quien pasa las horas de su adolescencia imitando junto a sus hermanas el maquillaje y los peinados de sus estrellas favoritas. Además, en el centro comunitario local aprende a cocinar y coser (habilidad que en el futuro utilizará en confeccionar su propio vestuario), destacando también como estudiante a ser miembro del el club dramático, gimnasta, coeditora del periódico, secretaria y tesorera del consejo estudiantil; méritos que le consiguen una beca para ejercer ayudantías en su mismo instituto y graduarse segunda de su clase en el bachillerato de Artes del Peabody College.

Atrapando Sueños

En febrero de 1943 Bettie se casa con Billy Neal - su novio del colegio durante dos años - y ambos se mudan a San Francisco cuando éste parte alistado en el ejército. Allí consigue un trabajo de secretaria (única ocupación a la que podía acceder con su licenciatura) hasta que poco después obtiene su primer empleo como modelo enseñando abrigos en una peletería local. Así conocerá a Art Grayson, un empresario cinematográfico que la convence de posar para algunas fotografías que luego envía a los periódicos y a la 20th Century Fox. La chica es invitada semanas después a una prueba de pantalla, mas no logrará el ansiado pasaje hacia Hollywood.

Los años que siguieron encuentran a la muchacha moviéndose entre San Francisco, Nashville, Miami e incluso Haití, donde quedó absorbida por Puerto Príncipe y su cultura. Regresando a Estados Unidos en noviembre de 1947, Bettie acuerda divorciarse de Billy Neal (ambos poseían un fuerte carácter que imposibilitó la relación) para luego trasladarse a New York, donde toma clases de interpretación y vuelve a trabajar como secretaria.

Pero es en 1950 cuando la suerte comienza a sonreír, tras conocer al policía de color Jerry Tibbs durante un paseo por la playa en Connie Island. Con la excusa de crearle un portafolio para sus castings, este fotógrafo amateur la convence de posar para él en bikini y ropa interior, aconsejándole además la acertada idea de dejarse un flequillo para disimular su muy despejada frente; el trabajo final no es particularmente destacable, pero la chica simplemente deslumbra y así da forma a su primera carpeta Pin-Up.

Animado por un presentimiento, Tibbs la presenta con su amigo Cass Carr, quien organiza sesiones al aire libre para fotógrafos que pagaban unos cuantos dólares para disponer de un estudio completo con modelos. Bettie acepta trabajar en estos camera clubs (como se les llegó a conocer) y se acomoda fácilmente a las intensas sesiones donde 12 o 15 cámaras disparan unas 480 fotos por hora, causando sensación entre los clientes y viendo despegar en pocos meses una carrera en el modelaje bajo el seudónimo de Betty Page (de ahí la confusión entre ambos nombres) en varias publicaciones fotográficas.

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