lunes, diciembre 31, 2007

WILLIS O'BRIEN: El Soñador de Monstruos (Parte 2)

En 1931, Willis O’Brien emprende el desafío más importante de su carrera al recrear un gigantesco gorila en el primer filme sonoro con pasajes de stop-motion: King Kong. Basada en el guión de Edgar Wallace y Merian C. Cooper, la historia presenta a una troupe cinematográfica que viaja a una isla en el Pacífico para realizar una cinta aventurera, encontrando allí tribus salvajes, dinosaurios y un descomunal simio que fija su interés en la actriz principal (Fay Wray); la situación es aprovechada por el codicioso productor, quien captura al gorila para exhibirlo en New York, desatando el caos.

Dada la envergadura del proyecto, el artesano resuelve contar con la dupla Byron Crabbe/Mario Larrinaga como asistentes. Juntos dan forma a la figura de escasos 45 centímetros que domina la acción, además de numerosos modelos a escala, una mano para cuando Kong sostiene a Fay Wray, un busto utilizado en los planos cortos y un gigantesco pie con el que la bestia pisa a los nativos. Será un esfuerzo titánico para sus limitados recursos, pero el increíble realismo alcanzado por O’ Brien en King Kong termina por arrasar las taquillas en marzo de 1933 y levantar todo un mito en torno al gigantesco simio, en un trabajo que aún hoy sorprende.

Dicho impacto calaría hondo en un joven aficionado al cine, el que tiempo después se convertiría en su asistente y sucesor, Ray Harryhausen: “Estoy seguro de que todo aquel con un poco de respeto por los logros técnicos y artísticos en el cine, tiene que admitir que esta fascinante película es única como monumento a la imaginación, la habilidad y al entretenimiento”.

Como era previsible, los dividendos cosechados por King Kong estimulan una pronta secuela. Es 1933 y The Son of Kong reafirma el talento de un especialista cuyo impecable desempeño resalta en la dirección de Ernest B. Schoedsack, quien había codirigido la película original. Pese a ofrecer una idea gastada y no contar con Fay Wray (considerada la primera scream queen del celuloide), el filme consigue buena aceptación y resulta un contenido aporte a la saga.

Los años se suceden con variadas colaboraciones y experiencias, como su espectacular secuencia de erupciones volcánicas para The Last Days of Pompeii (1935). Con todo, la impronta de King Kong ensombrece el trabajo de O’Brien y durante los siguientes años no encuentra apoyo para nuevos proyectos, lo cual se suma a la tragedia desatada cuando su ex esposa balea a sus hijos, para luego suicidarse.

Habrá que esperar a 1947 para que retome la actividad con Mighty Joe Young, un regreso al tópico de los simios nuevamente dirigido por Schoedsack. Tras tomar como discípulo al joven Ray Harryhausen, ambos especialistas asumen el intenso trabajo que se corona en 1949 con la excelente recepción en las salas y un merecido Oscar a los efectos visuales; no obstante, para su segunda colaboración en The Animal World (1956) los visos de agotamiento del maestro son notorios…

Es así como el ritmo productivo de O'Brien vuelve a decaer, mientras las pantallas comienzan a poblarse con criaturas más extravagantes y amenazadoras que sus colosales gorilas. Promediando la siguiente década, el mago busca revalidar su vigencia con discretas entregas, entre las cuales sólo destacan la paupérrima The Black Scorpion (1957) y The Giant Behemot (con un brontosaurio radioactivo arrasando Londres en 1958), para luego pasar a un discreto semiretiro en Los Angeles hasta su muerte en 1962. El relevo es entregado a su pupilo, quien prosigue el legado al margen de su mentor.

Alguna vez señaló Harryhausen que “la animación en tres dimensiones debe ser un arte; la creación de algo desde la nada; una proyección de hora y media de pseudorealidad desde los más extraños lugares de la imaginación, dotando de una ilusión de vida a lo que está básicamente inanimado”. Tanto él como Willis O’Brien alcanzaron esa meta, confundiéndose con la esencia misma del cine al hacer reales sus universos mediante esa fantasía y encantamiento que sólo brilla en la frontera entre la realidad y el sueño.

“...mucho después de que nos hayamos ido todos,
su magia pervivirá a través de los años en este mundo”.


- Ray Bradbury

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domingo, diciembre 30, 2007

WILLIS O'BRIEN: El Soñador de Monstruos (Parte 1)

En 1896 un inesperado accidente abría nuevas fronteras para la industria del cine. Mientras se encuentra rodando en una calle parisina, George Mélies (1861-1938) atasca casualmente su cámara y la toma se interrumpe momentáneamente antes de seguir rodando. Grande fue su sorpresa cuando, al revisar la filmación, ve a un autobús que pasaba convertirse en carroza fúnebre, consecuencia del salto temporal en el que la cámara había dejado de funcionar. Nacían así los efectos especiales, desde entonces un filón inagotable para la cinematografía.

El juego de ilusión y la magia iniciado por Mélies estimula el trabajo de otros profesionales, quienes en los años venideros se atreven a nuevas experiencias para generar efectos visuales. Entre ellos destaca Willis O’ Brien, legendario especialista cuyo trabajo marca la senda del Séptimo Arte con sus soberbias recreaciones y una técnica asombrosa e innovadora.

Poco se conoce sobre los orígenes de Willis O’ Brien. Nacido en la polvorienta Oakland hacia 1886, realiza numerosos oficios durante su juventud hasta retomar (tras una temporada como boxeador) su interés de infancia por las artes plásticas, el cine y los dinosaurios, mismos que une en 1914 al experimentar con una revolucionaria técnica cinematográfica: El Stop Motion.

Inspirándose en la tradicional animación de dibujos, el Stop Motion consiste en integrar una figura estática (provista de armazón flexible y articulaciones móviles) en una secuencia previamente rodada, moviendo las distintas partes de su cuerpo y fotografiándola cuadro a cuadro para crear la ilusión de movimiento al montarlos a la velocidad adecuada. Improvisando un pequeño estudio en su cochera, Willis ensaya el método en el corto The Dinosaur and the Missing Link (1915), donde tiene un primer acercamiento a las espectaculares peleas entre dinosaurios que le harán popular.

Pronto su trabajo atrae a la Thomas Edison Company, que compra el cortometraje y decide respaldar sus próximas 11 realizaciones. Ahora secundado por su propia productora - Mannikin Films -, O’Brien aborda flexiblemente su pasión fabricando diversas criaturas para filmes de la casa como Nippy’s Adventure, hasta que su anhelado proyecto de una serie educativa sobre dinosaurios es cancelado y resuelve utilizar su prestigio para acometer con un primer largometraje: The Ghost of Slumber Mountain (1920). Desgraciadamente, su enorme éxito en taquillas se eclipsa cuando el productor Herbert Dawley retira al artesano de los créditos y patenta como suya la nueva técnica.

El golpe resulta devastador para O’Brien, quien opta por enfocarse junto al productor Watterson Rothacker en The Lost World, la novela de Arthur Conan Doyle sobre una expedición científica que descubre un valle prehistórico en la Selva Amazónica. Dirigido por Harry O. Hoyt, el filme demandó toda su pericia técnica (y la asistencia del mexicano Marcel Delgado) al presentar por primera vez diseños tridimensionales e incluir en una misma secuencia a varios dinosaurios, derivando en un aclamado suceso tras estrenarse en 1925. Hollywood reconoce finalmente su talento y el animador logra su merecido lugar en la industria.

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lunes, diciembre 24, 2007

FELIZ NAVIDAD: Crosby Meets Bowie

Descontando el mayor o menor entusiasmo, las fiestas de Fin de Año son una buena oportunidad para agradecer y entregar. Por esto me gustaría tomar la opción y dar gracias a todos quienes se molestan en regalar unos minutos visitando este blog, especialmente por los desinteresados comentarios que suelen deslizar. Para todos ustedes, vaya como obsequio un alucinante episodio de 30 años atrás, cuando el mayor crooner que conoció el siglo XX unió su voz a la del músico más innovador de las últimas décadas.

Visitando Londres para grabar su acostumbrado especial navideño, Bing Crosby cree oportuno incluir una estrella joven en el programa y surge el nombre de David Bowie. Aunque nunca había escuchado sobre él, sus hijos admiran al cantante inglés y sólo basta una invitación para que Bowie – fan en secreto del viejo Der Bingle – acepte la oportunidad de trabajar con su ídolo.

Bing propone interpretar a dúo "El Pequeño Tamborilero", Bowie siente que el tema no explota bien su voz (ciertas versiones afirman que simplemente lo odiaba) y la producción responde con Peace on Earth, pieza original donde El Camaleón realiza una esmerada entrega. Reunidos por vez primera el 11 de septiembre de 1977, los estandartes musicales de dos generaciones ensayan durante una hora y graban la canción en apenas tres tomas, tras lo cual un impresionado Crosby le da su teléfono a Bowie y hasta lo describe en una entrevista como "un chico limpio y una carta realmente buena para el show. Canta excelente, posee una gran voz y lee bien las líneas. Podría ser un gran actor si lo quisiera".

Crosby muere al mes siguiente de un ataque cardíaco y el público ve la presentación de manera póstuma, en el Crosby's ‘Merrie Olde Christmas’ TV Special que cierra el año. Tras circular durante un lustro en ediciones piratas, el single se lanza oficialmente para la navidad de 1982 y perpetúa al fabuloso dueto en nuevos formatos como el CD-Rom o el vídeo aquí presente; para muchos, el fin de una eterna guerra intergeneracional y que TV Guide considera uno de los 25 mejores momentos televisivos musicales del siglo XX.

Felices fiestas. Y que su noche sea tranquila.

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jueves, diciembre 20, 2007

A CHRISTMAS STORY: El Trailer

Gracias a todos los que pasaron por acá y dejaron un comentario. Responderlos me da una buena excusa para añadir un trailer al comentario anterior.

Mi estimada Day_g_g, la primera película de Ben-Hur efectivamente fue quemada por mandato judicial en 1912, pero quienes han visto el metraje sobreviviente la consideran ampliamente olvidable. Respecto a Burton, junto con admirarle también cuestiono su exagerado personalismo al abordar obras ajenas (Batman) y su tibia dirección de exteriores (Planet Of The Apes o Marte Ataca); su percepción del diseño es notable, eso sí, especialmente los decorados de Sleepy Hollow y The Corpse Bride que recató de las clásicas animaciones navideñas producidas por Rankin-Bass.

¿Qué le pedí al Viejito, Soledad? Mis opciones siempre viajan desde la Paz Mundial hasta tener a Bettie Page bailando en el desayuno, pero la gran improbabilidad de las mismas que me conforme con pasar una noche tranquila y contentar a los míos.

Pues sí, Oscar, ciertas películas "de adultos" no eran lo suficientemente mágicas para complacer nuestras exigencias infantiles; pero el atreverse de vez en cuando con alguna te regalaba sorpresas como esta nostálgica joyita con tintes de comedia negra. No olvidemos también que ciertos especiales animados eran espantosos.

¿Navidad en Primavera, señor DHMYYN? ¡Acá es verano! Donde el calor aumenta con sólo observar la nieve artificial sobre los pobres pinos; qué decir de quienes trabajan disfrazados de Viejo Pascuero en la calle… Igual le hacemos al ponche y el Pan de Pascua, tan europeos de prestado que somos (al menos en el sur del país puede nevar); y agrego que jamás he visto Home Alone, quizás espantado por Culkin y su cara de "Yo no fui": para niños terribles mi favorito es Junior Healey, pesadilla andante como pocas...

Agradezco a todos nuevamente por su tiempo. Nos leemos pronto.

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domingo, diciembre 16, 2007

A CHRISTMAS STORY (1983) ¿Qué pediste para Navidad?

Navidades eran las de la infancia. Ajenos a responsabilidades mayores y sin las hoy forzadas carreras de última hora, el fin de año se esperaba con inquietud para recibir una fiesta que no por artificial o recargada perdía el encanto; los sueños conocen poco de condición o fortuna, regalando así a cada niño la esperanza de encontrar bajo el árbol ese secreto deseo largamente reservado durante todo el año…

Que se lo digan a Ralphie Parker (Peter Billingsley), el niño de Minessota que a sus nueve años sólo anhela un regalo para Navidad ¡El rifle tipo carabina oficial del Red Ryder! Y pese a tener en su madre a la principal oposición (“¡Te sacarás un ojo!”) el chico no descartará cualquier recurso; aunque ello signifique esconder ‘casualmente’ el anuncio publicitario en la revista Look del enemigo, mentir sobre supuestas pisadas de un oso pardo en el vecindario, escribir un ensayo escolar al respecto y molestar a un impaciente Santa Claus justo cuando cierra el Centro Comercial ¿Logrará el imaginativo Ralphie su objetivo?

Adaptando un relato del célebre escritor Jean Sheperd, el director Bob Clark (Porky’s, Dead of Night) entrega una mordaz recreación de las viejas navidades y satiriza los anhelos infantiles en una cinta sutilmente profunda e hilarante. Gran acierto es la asistencia del propio Sheperd en el libreto, quien cede la narración a la perspectiva de un Ralphie ya adulto e incorpora argumentos menores inspirados en sus cuentos In God We Trust, All Others Pay Cash y Wanda Hickey's Night of Golden Memories (publicados por Playboy Magazine entre 1964 y 1966).

Talvez el más logrado gire en torno al premio que el padre de Ralphie (Darren McGavin) obtiene en un programa radiofónico: la lámpara en forma de pierna femenina usando medias caladas y un seductor tacón alto que disgusta a su - hasta entonces - sumisa esposa (Melinda Dillon). Otras anécdotas incluyen un engañoso ‘Descifra Secretos’ de Anita la Huerfanita, la disputa sobre las consecuencias de pasar la lengua por un poste congelado (¡!) y los sueños ‘justicieros’ de Ralphie sobre una máxima calificación escolar por escribir acerca del rifle; o bien los remordimientos paternos por provocarle ceguera en el futuro, de tanto castigar sus groserías con ponerle un jabón en la boca.

Punto aparte es su recreación temporal, cuyos numerosos guiños a la Cultura Pop permiten situar la acción no antes de 1939 (cuando Metro-Goldwyn-Mayer estrena El Mago de Oz) ni después de 1940, último año que la bebida alimenticia Ovaltine patrocina el programa radial de Anita la Huerfanita (el Descifra Secretos obtenido por Ralphie es justamente el modelo 1940). Y aunque los tiempos de guerra se adivinan en los jóvenes militares que admiran un tanque de juguete por una vitrina y en la gorra usada por señor Parker - indicándolo como un antiguo voluntario estadounidense para la Fuerza Aérea Británica -, su conjunto es más bien una franca condensación de postal.

Estrenada en noviembre de 1983, la película obtiene un moderado éxito en las salas y las revisiones la consideran ligeramente como “un cruce entre los lienzos de Norman Rockwell y la revista MAD”. Es con su reposición televisiva desde 1988 cuando alcanza su estatus de culto, apareciendo con regularidad en los canales de la cadena Turner (TNT, TCM, TBS) hasta presentar su propio maratón con 24 horas seguidas en 1997.

A Christmas Story se encuentra disponible en un magnífico DVD doble lanzado el 2003 y mantiene inalterable esa sincera irreverencia orquestada hace casi 25 años por Bob Clark, fallecido el pasado abril en un accidente automovilístico. Una simple comedia para algunos y demasiado extraña para otros, nada mejor que revisarla en estas noches para hacerse una opinión propia; eso sí, la nostalgia está garantizada...

lunes, diciembre 10, 2007

BAND AID: Do They Know It's Christmas?

Décadas atrás, las palabras Rock y Solidaridad podían hermanarse sin generar suspicacia ni segundas lecturas. Partiendo con los tenaces esfuerzos de George Harrison y su Concierto para Bangladesh en 1971, las décadas venideras alimentaron la vena caritativa del Rock-Pop mediante numerosos proyectos y colaboraciones, desbordando su espectacularidad en los publicitados USA For Africa o Live 8.

No obstante, donde se rescata con mayor acierto la intención primaria es en Band Aid, propuesta del cantante Bob Geldof para reunir fondos durante la navidade de 1984 y destinarlos a aliviar la hambruna en Etiopía. Secundado por el guitarrista Midge Ure (Ultravox), Geldof consigue juntar a la entonces plana mayor del Pop británico y registrar el single Do They Know It's Christmas? el 25 de noviembre de 1984.

Grabado y mezclado en menos de 24 horas, Do They Know It's Christmas? rebasa la invitación solidaria para reflejar en su propia génesis el triunfo de los ideales frente a la adversidad. Pese a enfrentar limitaciones presupuestarias y la negativa inicial del gobierno británico a retirar el impuesto discográfico, el proyecto se fortalece en los propios músicos convocados, quienes disponen su talento en un estupendo reparto vocal que destaca al legendario Paul Weller (The Jam), Boy George, Sting, George Michael, Simon Le Bon (Duran Duran), Tony Hadley (Spandau Ballet), Glenn Gregory (Heaven 17) y Paul Young, reemplazando de emergencia a David Bowie; todos respaldados en la sección instrumental liderada por Phil Collins e integrada por Duran Duran y Status Quo, entre otros.


El disco sale a la calle el 3 de diciembre siguiente y permanece en el primer lugar durante tres semanas, instaurándose como el single más rápidamente vendido en la historia del Reino Unido (un millón de copias sólo en su primera semana). A su vez, las sesiones de grabación filmadas por Nigel Dick (muy solicitado por músicos como Guns n’ Roses, Britney Spears y Oasis) profetizan el conglomerado Heavy Rock de Hear n’ Aid (con su single We’re Stars) e incluso a USA for Africa, respuesta estadounidense cuya magnitud no pudo evitar el roce de egos y marginó a ciertos nombres en favor de sus protagonistas.

Meses después, el himno sería cantado para cerrar el megaconcierto Live Aid en su jornada británica (13 de julio de 1985), sumando esta vez a celebridades como Paul McCartney, Roger Daltrey, David Bowie y Freddie Mercury. Y aunque Band Aid ha conocido nuevas encarnaciones con nombres ilustres (Robbie Williams, Dido), su formación original conserva una magia inusual, persistente e irrepetible; precisamente como en las viejas navidades.



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