En 1882, El Mercurio publicó una lista de las 59 familias chilenas que integraban la neoaristocracia; nuevos ricos generados por la especulación económica en un decadente período saturado de prejuicios nobiliarios y donde todos competían por superarse en excesos que tenían al mero placer como única finalidad.Acunada entre esta mundana ralea, una extraña criatura jugó su suerte al desterrar las trabas sociales en favor de un destino propio, encontrando como recompensa el rechazo y la soledad. Tal fue el breve tránsito de Teresa Wilms Montt, visionaria escritora prematuramente marchita y cuyo legado sigue sin obtener justicia en la literatura local.
María Teresa de las Mercedes Wilms Montt nace el 8 de septiembre de 1893, en el seno de una acaudalada familia viñamarina formada por Federico Guillermo Wilms y Luz Victoria Montt. Talentosa, bella y culta, destacA entre sus seis hermanas por su apasionado carácter, rebelándose contra la aristocrática educación que sus maestros e institutrices orientan hacia el matrimonio y la ociosa vida perseguida en la alta sociedad.
Ya en su adolescencia, la hija terrible genera nuevos roces cuando se enamora de Gustavo Balmaceda Valdés, un sobrino del presidente Balmaceda que – como todos sus parientes, tras la Guerra Civil – es mal visto en las altas esferas y subsiste con discretos puestos públicos en espera de conseguir algún cargo diplomático. Apasionados por la opera, los jóvenes deciden casarse cuando ella contaba con 17 años, encontrando la fuerte oposición en los Wilms-Montt al punto que jamás volverá a ser admitida en su casa.
Apenas meses más tarde, el 25 de septiembre de 1911, la pareja trae al mundo a su primera hija, Elisa. Casi inmediatamente, razones de trabajo motivan el traslado de los Balmaceda Wilms a Iquique, donde residien entre 1912 y 1915.
Los años en el norte dejan impronta en la joven Teresa, quien se siente fuertemente estimulada por una agitada vida: “Vivíamos en un hotel de mala muerte, pero el mejor del puerto, rodeado de toda clase de hombres extranjeros y chilenos, comerciantes, médicos, periodistas, literatos, poetas, etcétera. Una Vie de boheme, más o menos. La noche era para charlar, el día para dormir, la tarde para escribir”.
Sin embargo, la muchacha no queda ajena a las duras condiciones de vida imperantes en la región y pronto entabla amistad con sindicalistas, feministas y diversos reformadores que dejan huella en su pensamiento: “Conocí lo que es para las mujeres de mi clase un misterio: la verdadera miseria material y moral... Mi alma, salió pura de la prueba, pero asqueada". Consolidando un espíritu librepensador, adscribe a los ideales anarquistas y al pensamiento masón, iniciándose además en la política y escribiendo en la prensa local con el seudónimo de Tebal. Entre tanto ajetreo, el 2 de noviembre de 1913 nace su segunda hija, Sylvia Luz.
Sin embargo, la muchacha no queda ajena a las duras condiciones de vida imperantes en la región y pronto entabla amistad con sindicalistas, feministas y diversos reformadores que dejan huella en su pensamiento: “Conocí lo que es para las mujeres de mi clase un misterio: la verdadera miseria material y moral... Mi alma, salió pura de la prueba, pero asqueada". Consolidando un espíritu librepensador, adscribe a los ideales anarquistas y al pensamiento masón, iniciándose además en la política y escribiendo en la prensa local con el seudónimo de Tebal. Entre tanto ajetreo, el 2 de noviembre de 1913 nace su segunda hija, Sylvia Luz.
3 comentarios:
que bueno que volvio...y con un gran tema en un buen articulo......me alegra...mi estimado amigo....
que ganas de ir a verlos a Rancagua...
ESPERANDO LA SEGUNDA PARTE, LA NOCHE PARA PARLAR LO HE ESCUCHADO EN OTRO LADO EXCELENTE
Siempre me han fascinado las personas que dan saltos y giran-voltereras en el borde de los acantilados... Estan "hechas" de piel, sangre y arterias.
Os beso, monsieur
(Y aun me pregunto como he llegado hasta aqui)
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