miércoles, marzo 02, 2011

FLORENCE FOSTER JENKINS: Creme dé la Crud

Desde que el empresario Oscar Hammerstein se arriesgara a levantar sus negocios en Broadway fichando a las Cherry Sisters, el lucro con talentos mediocres es segura alternativa para recobrar la inversión. Convencidos de tener lo necesario, muchos egos estrellados contra el suelo van llenando los bolsillos de sus inescrupulosos promotores, alimentando un circo al que se asiste con el ansia de aplaudir el fracaso ajeno.

Y aunque los malos cantantes no son ajenos a la Ópera, ninguno cosechó la fama de Florence Foster Jenkins (1868-1944), la excéntrica soprano estadounidense que soñó desde siempre con el canto lírico e hizo de éste su razón para vivir.

Nacida hacia 1868 en Wilkes-Barre (Pennsylvania), Florence crece en un entorno acomodado y recibe tempranas lecciones de música, anhelando perfeccionarlas en el extranjero cuando llega a la adolescencia. Pero su padre rehúsa apoyarla y la joven se fuga a Filadelfia con el doctor Frank Thornton Jenkins, con quien contrae nupcias para después ganarse la vida como maestra y pianista.

Divorciada de Jenkins en 1902, la muerte de su padre siete años después le permite una generosa suma que reanima sus aspiraciones artísticas. Con entusiasmo se integra a la vida musical de Filadelfia para luego mudarse a New York, fundar el Verdi Club, tomar lecciones de canto e iniciar sus propios recitales en 1912.

Pero la vocación no garantiza el talento y – según muestran sus grabaciones – Florence era en realidad una cantante atroz, incapaz de mantener una nota y con un sentido del ritmo tan pobre que los músicos deben ajustarse e improvisar sobre sus fallos de tempo. Nadie quiere financiar sus presentaciones, así que utiliza la herencia familiar en realizarla frente a perplejos seguidores cuyo interés (y número) aumenta vez tras vez.

La reacción de su audiencia es diversa. Mientras algunos estallan en risa, otros permanecen sentados y atienden el espectáculo en silencio; tampoco los críticos concuerdan en definir a la Primera Dama de la Escala Deslizante, si bien Newsweek señala al comentar uno de sus discos que “en las notas altas, la señora Jenkins suena como si sufriera un fastidioso dolor en la baja espalda”.

Masacre en el escenario

El repertorio de Jenkins mezcla estándares operísticos de Wolfgang Amadeus Mozart, Giuseppe Verdi y Richard Strauss – los cuales superan su habilidad técnica - junto a obras de Lieder, Johannes Brahms y su favorita Clavelitos, que firma Joaquín Valverde. Además incluye canciones escritas con su acompañante Cosmé Mcmoon, quien suele poner caras a espaldas de Florence para generar risas entre el público (cuando ésta fallece intentó reclamar su herencia declarando ser su amante, pese a existir amplias evidencias de su homosexualidad).

Los disfraces extravagantes eran otra de sus marcas, pudiendo lucir unas gigantescas alas mientras entona Ave Maria para luego aparecer como una señorita española, con una rosa entre los dientes y un canasto repleto de flores que gustaba lanzar al público (un ayudante las recuperaba para poder lanzarlas otra vez); tal era su entusiasmo que incluso llegó a arrojar el canasto.

Pese a todo, Florence nunca dudó de su grandeza. Se compara con renombradas sopranos como Frieda Hempel y Luisa Tetrazzini, atribuyendo las burlas del público a “rivales consumidos por envidia profesional". Es más: Tras descubrir que un accidente en taxi durante 1943 le proporciona "Un fa más alto que nunca", recompensó al conductor con una carísima caja de puros.

El 25 de octubre de 1944, la diva de 75 años arrienda el Carnegie Hall y se presenta a tablero vuelto, con una demanda por boletos tan grande que éstos se revenden hasta por 20 dólares. Dos mil personas quedan sin localidades para la función con que Florence celebra sus tres décadas sobre las tablas, señalando poco después que "La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá decir nunca que no canté."

Florence Foster Jenkins fallece un mes más tarde, dejando nueve arias repartidas en cinco discos de 78-rpm y hoy condensadas en tres volúmenes: The Muse Surmounted: Florence Foster Jenkins and Eleven of Her Rivals, The Glory (????) of the Human Voice y Murder on the High C's. A la fecha cuenta con tres obras teatrales sobre su vida, que hoy extienden a 24 países y 14 idiomas su ejemplo del más nulo talento... compensando por una enorme tenacidad. Bravo!

video

1 comentarios:

Jenkins dijo...

http://unfamasaltoquenunca.blogspot.com/