martes, marzo 15, 2011

LEWIS CARROLL: Mi Obsesión por Alicia

“Marco este día con una piedra blanca”. Con esta frase Charles Lutwigde Dodgson señala en su diario su primer encuentro con Alice Pleasance Liddell, la niña de cuatro años que transformó en obsesión y para quien imaginó un perenne universo literario. Desde aquel 6 de marzo de 1856, el matemático de Oxford rindió sus días a adorar un idealizado hechizo que rompe la propia Alice con su adolescencia, abriendo lecturas tan múltiples como sugerentes.

Y es que las sospechosas tendencias del futuro Lewis Carroll no son más un secreto ni un rumor. Pese al discreto silencio que le compró su fama como cuentista e intelectual, el querido autor de Alice in Wonderland y su musa componen una historia plena en claroscuros, donde los vacíos suelen ofrecer respuestas incómodas.

Dodgson conoce a los Liddell en 1856, cuando Henry George Liddell es nombrado capellán de la Christ Church y el profesor le visita para fotografiar la catedral. Aunque primero entabla amistad con los hermanos mayores Harry y Lorina, el ingreso del joven Harry al colegio lo acerca a las pequeñas Alice y Edith, invitándolas a paseos en barca e incursiones campestres donde les relata cuentos, muchas veces disfrazándolas para tomarles fotos.

Se ha dicho que Alice fue la modelo favorita de Dodgson, mas no existen evidencias para afirmarlo. Menos confusa es su inclinación a las niñas pequeñas, que gusta fotografiar semidesnudas o vistiendo disfraces mientras les cuenta historias fantásticas; su labor docente tampoco es casual, pues le permite más horas libres que dedicar a la poesía y las fotos.

La misma fantasía adorna la Tarde Dorada, el famoso paseo en bote por el Támesis aquel 4 de julio de 1862. Acompañado por las hermanas Liddell y el Reverendo Robinson Duckworth, Dodgson ameniza un descanso junto al río improvisando una disparatada historia que entusiasmó a Alice: “Lo que nos relató esa vez fue mejor de lo normal – recordó en una tardía entrevista -. Al día siguiente empecé a insistirle en que me escribiese el cuento y mi pesadez le movió, tras decir que lo pensaría, a hacer la vacilante promesa de escribirlo.”

El Misterio de Alicia

Acaecida en junio de 1863, la brusca ruptura entre Dodgson y los Liddell despierta generosas especulaciones sobre el interés sexual del profesor hacia la niña. Se ha dicho que a la señora Liddell le inquietaba la cercanía entre ambos y que prohibió terminantemente las excursiones en común, destruyendo las cartas recibidas por Alice. Otros suponen que Dogdson llegó a pedir la mano de la niña, pero la familia cuidó mantener su mutismo sobre el tema.

Para peor, la página del diario en que el autor registra los días 27, 28 y 29 de junio (cuando ocurrió supuestamente el quiebre) fue arrancada por su sobrina Menella, alimentando una incógnita cuyo despeje pudo llegar con The Cut Pages in Diary, nota descubierta en 1996 por la escritora Karoline Leach y donde la otra sobrina de Dodgson, Violet, resumiría la página extraviada:

“L.C. sabe gracias a Mrs Liddell que se dice que utiliza a los niños como una excusa para hacer la corte a la institutriz. Se dice también que (trozo ilegible) está haciendo la corte a Ina.”

En toda su imprecisión, el escrito sugiere que la brecha nace por rumores que involucran al matemático (¿Lewis Carroll?) con la institutriz de las niñas e incluso con Lorina, la mayor de las Liddell. Y si bien algunos reconocen en su autoría a las jóvenes Dodgson, el estudioso Morton N. Cohen relató al Times Literary Supplement que Philip Dodgson Jacques le reveló en los años sesenta que él la había escrito, basándose en declaraciones escuchadas a sus tías.

Aunque la validez del documento sigue en duda, lo cierto es que el maestro evita la casa de los Liddell hasta visitarlos nuevamente el 16 de noviembre de 1863. En la ocasión obsequia a Alice el manuscrito de Alice's Adventures Under Ground, base del célebre Alicia en el País de las Maravillas y que incluye una fotografía oval tomada a la niña cuando tenía siete años); pero la antigua cordialidad parece haberse esfumado y los amigos se distancian, alegándose discrepancias entre Dodgson y el diácono Liddell respecto al manejo del college.

Cierra un Capítulo

Los encuentros desde entonces son contados e incómodos. Tras el primero de ellos en abril de 1865, Carroll anota: “Alice parece notablemente cambiada, aunque dudo que sea para mejor. Probablemente está entrando a la pubertad”; cinco años después toma su última fotografía de Lorina y Alice, a esa altura jóvenes mujeres que acuden a la cita acompañadas por su madre

El 15 de septiembre de 1880 Alice se casa con Gervis Hargreaves, otro estudiante del Christ Church e hijo de un próspero empresario. Junto a él tiene tres hijos, convirtiéndose en una dama de sociedad mientras Dodgson se entrega a un excéntrico desfile de niñas-amigas que mima con su maleta de juguetes y recortables, llevando imperdibles en el bolsillo por si las niñas deben recoger sus faldas para meterse al agua y escribiendo al final de cada año una lista de sus conquistas.

Aprovechando su amistad con la ilustradora Emily Gertrude Thomson, el escritor visita su taller para fotografiar a sus modelos (niñas pobres que posan desnudas en sus dibujos sobre hadas), escribiendo luego a sus madres por si puede hacerles más fotos y preguntando cuál es el mínimo de ropa con que puede retratarlas; su insensatez da paso a un escándalo que le obliga a dejar su “pasatiempo”, jurando que si no puede fotografiar niñas, no hará otra más.

Con todo, el escritor sigue enviando misivas a Alice, una de ellas pidiéndole prestado el original de Alice's Adventures Under Ground para copiarlo y editar una edición facsímil que aparece en 1886. Los últimos encuentros se registran con escuetos pasajes en su diario, como aquel de 1888 (“No fue fácil conjugar en la mente el nuevo rostro con el viejo recuerdo: la faz de aquella extraña con la una vez tan íntimamente conocida y amada Alicia”) o la invitación a tomar el té que extiende cuando ella visita Oxford en 1891 y es respondida con una breve visita junto a su hermana Rhoda.

Postrado a causa de un derrame sinovial, Dodgson fecha su última carta para Alice en 1892, falleciendo seis años después y ordenando que se destruya todo su material fotográfico (sólo sobrevive una, tomada a Evelyn Hatch). Tres décadas más tarde, urgencias monetarias llevan a que Alice Hargreaves venda el manuscrito a un librero estadounidense, quien a su vez lo entrega a un grupo de socios que - terminada la Segunda Guerra Mundial – finalmente lo regalan al pueblo inglés por su bravura en el conflicto; hasta hoy permanece en el Museo Británico.

"Mi querida señorita Hargreaves, supongo que esto le sonará como una voz entre los muertos tras tantos años de silencio; y sin embargo mi pintura mental de la que fue, durante años, mi niña-amiga ideal, es tan vívida como siempre. He tenido montones de niñas-amigas desde entonces, pero todas han sido otra cosa."

- Carta de Lewis Carroll a Alice Hargreaves (Liddell), 1885.

5 comentarios:

Syrgo de Enefaso dijo...

¿como interpretar un hecho de otra cultura (y el siglo XIX l oes) a la luz de nuestro miedos y escrupulos morales?

dificil trabajo.....

Gonxalo Oyanedel dijo...

Reflexionando sobre la opinión de sus contemporáneos, que también solemos juzgar desde nuestros modernos prejuicios. Es el problema de nuestra pretendida agudeza.

Cristi dijo...

Esta entrada me interesa mucho.. ahora no puedo leerla, pero en cuento pueda lo haré! ^^

Cristi dijo...

Por cierto, mi blog tiene el mismo fondo que el tuyo

Gonxalo Oyanedel dijo...

Lo noté. Ya te he visitado.