lunes, abril 04, 2011

MARILYN MONROE y el Desnudo del Terciopelo Rojo

“Una de las mujeres más hermosas de todos los tiempos y que los negociantes bautizaron con el nombre de Marilyn Monroe”. Las palabras del poeta Alfonso Alcalde en su elegía Marilyn Monroe que está en el Cielo (Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972) recogen la amarga conclusión de biógrafos y fanáticos, encadenados por siempre a la sonrisa que dividió el siglo XX; una leyenda a medias verdades donde el Dulce Ángel del Sexo provocaba – y sigue provocando – una amplia gama de sentimientos

Pero a fines de los años ’40 Marilyn Monroe sólo es Norma Jean Baker, la aspirante a actriz con algún paso por las revistas y que cierta tarde de 1948 acude a una prueba en un automóvil prestado que termina chocando en el camino. Mientras los curiosos se le acercan, la joven cuenta que va tarde a una cita y no tiene dinero para el taxi; uno de los presentes, el fotógrafo Tom Kelley, le da 5 dólares junto a su tarjeta de presentación.

Al año siguiente, una necesitada Norma recuerda la tarjeta y acude al estudio de Kelly a pedirle trabajo. La decisión es afortunada, pues el fotógrafo se encuentra elaborando publicidad para la cerveza Pabst Blue Ribbon y su modelo faltó a la sesión; tras un rápido convenio, la actriz se convierte en uno de los tantos pinups publicitarios que dominan la época.

Semanas después es Kelley quien la contacta, luego que el fabricante de calendarios John Baumgagorth viera su rostro en los anuncios de Chicago y desea ficharla para “desnudos de buen” gusto. Según escribe el biógrafo Anthony Spoto, la futura Marilyn acepta sin chistar y acude al estudio el 27 de mayo, firmando el acuerdo como Mona Monroe.

Recortada sobre el rojo terciopelo que se extiende en el piso, Norma ofrece la naturalidad de sus 22 años a la cámara que Kelley sostiene durante dos horas desde una escalera, a tres metros de altura. Baumgarth paga quinientos dólares por todo el set, correspondiendo 50 a la modelo y cerrando así la última ocasión en que los tres se verían.

Tesoro Carmesí

Curiosamente, Baumgarth guarda el material y no lo utiliza hasta 1950, cuando la atención lograda por Marilyn tras su rol en The Asphalt Jungle sugiere posibles dividendos. Su idea es fabricar calendarios que se distribuyan como obsequio en estaciones de servicio y ferreterías, pero cuando la revista Life lo reproduce en un reportaje sobre la actriz que lanza en abril de 1952, las imágenes dieron la vuelta al mundo.

“Lo hice porque tenía hambre” se defiende la actriz en incontables entrevistas donde se sugiere un pasado de prostituta. La explicación parece bastar al público y el impasse va menguando hasta el 13 de junio de 1953, cuando Baumgarth (que para entonces temía una persecución federal por cargos de obscenidad) recibe en su oficina a un joven editor que desea comprar el set para usarlo en una nueva revista: Stag Party.

Creyendo que ya perdieron su valor comercial, el empresario no sólo vende los derechos, sino que también realiza las separaciones de color para el magazine. Así, el entonces novato Hugh Hefner presenta a la estrella de How to Marry a Millionare en la portada y el poster desplegable de su magazine Playboy, lanzado en diciembre de 1953 con un éxito comercial que irónicamente confirma a Marilyn Monroe como el mito erótico de post-guerra.

Más de seis décadas después, la llamada Red Velvet Collection continúa citándose en el imaginario Pop más que cualquier otro desnudo en la historia de la fotografía. Bello ejemplo del arte comercial que – rara vez – acierta en domesticar la frescura.

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