
Así llega el turno a Green Lantern, gladiador cósmico de DC Comics cuyo éxito comercial le abre las puertas al traspaso cinematográfico. Creado por John Broome y Gil Kane en 1959 (remodelando al personaje original de 1940), su perfil más bien genérico lo mantuvo en un sitial discreto que brilló ocasionalmente por las etapas creativas de la dupla Dennis O’Neil/Neal Adams (1969-1976) y el muy celebrado guionista Geoff Johns (2005 al presente).
La premisa a desarrollar respeta la fuente: Reclutado por el poderoso escuadrón Green Lantern, el indolente piloto Hal Jordan (Ryan Reynolds) recibe un anillo que le brinda poderes impensados, justo cuando la antigua entidad Parallax regresa a destruir el universo. Apoyado por su ex novia Carol Ferris (Blake Lively), Hal deberá encarar sus miedos para asumir su papel, detener a Parallax y probar que un humano puede convertirse en el mayor Green Lantern conocido.
La llegada del héroe al cine no escapó al ojo mediático, rumoreando los posibles fichajes de Hugo Weaving y Keri Russell o la campaña de Brian Austin Green para obtener el rol principal. Respaldado por costosa promoción, su estreno no sólo sale a competir con las últimas adaptaciones de Marvel (Thor; X-Men: First Class) sino también con las expectativas sembradas entre los fans por las cintas animadas First Flight (2008) y Emerald Knights (2011).
Sobre el Ruido y las Nueces

Quizás el mayor tropiezo es su escasa pretensión. Con apenas 105 minutos, la reciente apuesta de Warner/DC malgasta su mitología en el esperable cóctel de acción, humor liviano y romance. Como espectáculo visual no defrauda, aunque los baches argumentales y la inconsistencia general reafirman que el interés narrativo se supedita a las licencias, pasando el testigo dramático a eventuales continuaciones.
El elenco cumple sin ofrecer su mejor trabajo. Reynolds asume un rol de escasas exigencias, toda vez que la historieta nunca ahondó en el hombre tras la máscara y enfatiza sus labores de uniforme (salvando a guionistas como Jim Owsley o Geoff Jhons). Y aunque su labor no logra entusiasmar, sí acierta al construir un Hal Jordan bastante coloquial, menos heroico e incluso cercano al espectador medio; dos peldaños arriba de sus previas incursiones en el género (Blade Trinity; X-Men Origins: Wolverine).
Un esfuerzo truncado por el guión, pródigo también en lugares comunes e innecesarios guiños al lector. Es claro que sus responsables (Greg Berlati, Michael Green, Marc Guggenheim y Michael Goldenberg) buscaron catapultar la inevitable secuela, pero esto no implica sacrificar un reparto que pudo dar más (Peter Sarsgaard, Mark Strong, Temuera Morrison, Michael Clarke Duncan, Geoffrey Rush, Tim Robbins) y entregarlo a una vorágine de subtramas muertas, donde la nulidad de Angela Basset como Amanda Waller confirma las chances derrochadas a futuro.
Resurgen así las inevitables comparaciones con Iron Man (2008), el otro retornado a los superhéroes más vendidos cuyo traspaso a la pantalla en manos de John Favreau supera los ripios mediante la emoción y un patente cariño al justiciero de Marvel Comics; caso opuesto del neozelandés Martin Campbell, favorito entre los seguidores de James Bond quien pierde el pulso mostrado en Goldeneye o Casino Royale para ceder ante una pirotecnia digital que ahoga la historia en su clímax.
Imposible no imaginar lo que pudo realizarse, sobre todo al advertir el potencial de varias líneas extraviadas. Ya sea en el desdén de los guardianes hacia sus subordinados, los traumas mal asumidos por Hal Jordan o la dualidad amor/envidia que le profesa Carol Ferris (tan bien expuesta por el guionista Mike W. Barr), no son pocas las ideas sugeridas y abandonadas sin madurar, aun cuando brindaron solidez a una génesis mejor revisada en la saga Secret Origin (2008) o la mencionada First Flight.
Con todo, quienes elijan disfrutar el mero espectáculo hallarán una cinta entretenida, acorde a la evasión pop-corn y que en sus mejores pasajes justifica el recurrente 3D. Validando a su neutral protagonista, los fans gozarán las citas viñeteras junto a elogios surtidos por su renovada estética de videojuego, sin olvidar la comentada escena oculta tras los créditos; claves para revisar una distracción que aprueba con el mínimo y llega a divertir… si se olvida de entrada cualquier pretensión.
2 comentarios:
Una gran desilusión, más que nada por lo que pudo haber sido pero que al final no fue: Comparando esta cinta con el buen trabajo hecho en la versión animada de Green Lantern, yo no calificaría esta película ni como PopCorn Movie, ya que sólo las películas que entretienen sin hacer pensar son las que merecen ese nombre.
Y ahora disculpa, pero creo que hay un anillo rojo golpeando en mi ventana.
Indudable que se pudo hacer más y ese es el quid del asunto. Será un estreno de los que dividen a la audiencia.
Un gran saludo.
Publicar un comentario