lunes, junio 06, 2011

THE WIND IN THE WILLOWS: Las Cartas de Kenneth Grahame

Cita permanente en la fantasía moderna, The Wind in the Willows es un clásico literario de enorme influencia en la cultura británica. Las 302 páginas que firma el escocés Kenneth Grahame mezclan con humor la aventura, el misticismo y la camaradería en un canto a la amistad recogido en el teatro por Alan Alexander Milne (Winnie the Pooh), en el cine por Terry Jones (Monty Phyton), y hasta en la música Pop, donde el debut discográfico de Pink Floyd debe su nombre The Piper at the Gates of Dawn al episodio predilecto del guitarrista Syd Barret .

Testimonios de un legado perenne que – sin embargo – jamás quiso reflejar nada más que un acto de amor: El mensaje de un padre a su hijo en horas oscuras para encender una vela de esperanza.


Por los Caminos de Dios

A fines del siglo XIX, el nombre de Kenneth Grahame logra un sólido prestigio en las letras victorianas. Sus exitosas novelas The Golden Age (1895) y The Dream Days (1898) lo convierten entre los favoritos de la fantasía para adultos, al tiempo que los principales editores le exigen nuevos títulos o poemas recopilados.

Pero Grahame no desea vivir de la pluma, sino convertirse en un gentleman author que escribe por afición mientras trabaja como secretario del poderoso Banco de Inglaterra. Tras asumir el cargo en 1898, su matrimonio con Elspeth Thompson un año después compone un desastre que lo sumerge en un bloqueo literario y acaba costándole su apreciado puesto; sólo le queda Alastair, el hijo de ambos que nace con la vista dañada (ciego de un ojo, bizco del otro) y a quien llama cariñosamente Ratón.

Aunque escribir se le hace difícil, Grahame sigue inventando historias que cuenta al pequeño antes de dormir. Cierta noche Alastair le pide un relato sobre una rata, un topo y una jirafa (reemplazada más tarde por un sapo), creándole una imaginativa aventura que el niño celebra al extremo de negarse a salir de vacaciones en 1907 para no perderse la continuación; su padre promete enviarle cartas diarias con historias, las cuales su institutriz lee en voz alta y le causan tal impresión que decide guardarlas, salvando así la futura base para The Wind in the Willows (El Viento en los Sauces).


El Bosque Salvaje

El autor nunca buscó comercializar esas narraciones. Convertido en un recluso tras su fracaso matrimonial (y el extraño incidente donde un desconocido le dispara en el banco tres veces, sin éxito), se niega a dar entrevistas e ignora cualquier petición editorial; por esto la revista estadounidense Eveybody encarga la labor a Constance Smedley, joven tenaz y brillante que debe obtener cualquier trabajo del escocés.

Utilizando su astucia, Constance le escribe asegurando ser pariente de la institutriz Smedley (un personaje de sus libros anteriores). Grahame acepta recibirla y ambos se convierten en buenos amigos, si bien él reconoce que ahora detesta escribir considerándolo “una tortura física”; pero durante una de sus visitas le oye relatar a Alastair su cuento preferido, convenciéndole de que ya tiene la historia y sólo resta escribirla; Kenneth termina el manuscrito The Wind in the Weeds para la navidad de 1907 y lo envía a su amiga, entregándolo ansiosa a sus editores de New York.

La recepción no es la esperada. Confiado en recibir la continuación de sus viejos éxitos, el directorio de Everybody se desconcierta ante una obra centrada en animales salvajes y rechaza el manuscrito. Tampoco hay resultados en Inglaterra; y es que los adultos no entienden que The Wind in the Willows (retitulada para evitar confusiones con un escrito de William B. Yeats) sea una novela fantástica carente de alegorías o protagonistas humanos. Como explicará su autor, años más tarde: “Cambié la identificación del lector hacia los mismos animales… y los primeros adultos en leerla no se adaptaron al cambio”.

Así, cuando el libro es finalmente publicado no tarda en recibir ralas críticas que van desde “un confuso relato de Historia Natural” hasta “una pobre alegoría que lectores versados pueden hallar monstruosa”. Incluso un periódico insinúa que podría ofender a las eminencias de la Biología… glosas caprichosas que influyen negativamente en sus ventas.


El Amigo Americano

Entonces aparece Theodore Roosevelt, presidente de los Estados Unidos y gran aficionado al trabajo de Grahame que aprovecha su amistad mutua con el coleccionista Austin Purves para solicitarle copias autografiadas de The Golden Age y Dream Days. El autor las envía halagado, recibiendo en respuesta un agradecimiento epistolar donde además se le invita a quedarse en la Casa Blanca si visita Norteamérica.

Al editarse The Wind in the Willows se envía una copia a su admirador, pero Teddy – que se oponía a las narraciones alegóricas y supo de las magras críticas - elige no leerlo para mantener la estima de las obras anteriores. Es su esposa quien descubre el libro en la Casa Blanca y lo lee a sus niños, sesiones que el presidente también escucha y acaban por cautivarlo:

Por algún tiempo no pude aceptar al topo, la rata de agua y al tejón – señaló en una carta a Grahame - pero la señora Roosevelt y los chicos disfrutaron tanto el libro que empecé a reconsiderar mi juicio… desde entonces lo he leído tres veces y ahora sus personajes son mis más queridos amigos”.

El entusiasmo del Roosevelt ayuda a su publicación en Estados Unidos, luego que la Charles Scribner Company (editorial que en un principio lo rechaza) reciba una nota del presidente recomendándolo. Y aunque las ventas iniciales son lentas, acaba por convertirse en un éxito comercial que se reitera en Inglaterra con numerosas ediciones hasta hoy.

Para 1908, Kenneth Grahame vive en la campiña desligado del Banco de Inglaterra y percibiendo royalties por su libro, un clásico literario que pavimenta el camino a un género que explotarán Mickey Mouse, Charlotte’s Web y otros. Éxito empañado por el suicidio de Ratón, que el 7 de mayo de 1920 caminó por la vía férrea en espera del tren que pasaría hacia Oxford, a dos días de su vigésimo cumpleaños.

"A la hermosa memoria de Kenneth Grahame, esposo de Elspeth y padre de Alastair, quien falleció el sexto día de julio de 1932, dejando a la infancia y a la literatura en el mejor momento de su historia".

- Epitafio escrito por su primo Anthony Hope, autor de “El Prisionero de Zenda”


2 comentarios:

Maneko dijo...

Pues sí, al comienzo el libro es algo difícil de tragar, pero rápidamente se vuelve una lectura agradable y al terminar la última página, uno se queda pidiendo más. (Ahí lo tengo en mi estantería, bastante arrugado por todas las veces que lo he leído.)

Me pregunto si más adelante irás a comentar la fantástica adaptación animada hecha por Rankin-Bass en 1987 (Impagable la secuencia donde Tejón se encierra con Sapo y lo quiebra a puteadas) más la serie de TV que produjo Rankin-Bass en 1970 bajo el nombre de "The Reluctant Dragon and Mr. Toad"

Gonxalo Oyanedel dijo...

He estado tentado a revisar la serie, si bien no dejo de admitir el poco impacto que me generó la primera vez. Fue un gusto adquirido, la verdad, lo cual la hizo doblemente valorable. Muchas gracias por pasar.