martes, noviembre 01, 2011

CHARLES ADDAMS: Morirse de la Risa


Macabro, depravado, bizarro… adjetivos recurrentes para definir el trabajo de Charles Addams, paradigma del humor satírico que dejó su marca en el imaginario popular. Sin ser el caricaturista más dotado de los años ’30 (sus primeros trabajos apenas son originales o divertidos), utilizó el excentricismo para acusar sin tapujos el cinismo contemporáneo, mismo que alimentó con diversos mitos sobre su persona (siempre remarcaba en sus entrevistas: "De no ser dibujante, tal vez habría sido un criminal").

Chismes publicitarios tras los que asoma el hombre, un sujeto afable fascinado por las aberraciones de la vida e inclinado al tabaco, el buen beber, los autos veloces y las bellas mujeres (su agenda de citas incluye a Greta Garbo, Joan Fontaine y Jackie Kennedy). Claves de una leyenda que capturó lo cotidiano bajo un prisma pavorosamente real.  


Creepy and Kooky

Charles Samuel Addams nace en Westfield (New Jersey) el 7 de enero de 1912. Hijo de un arquitecto naval, las tres plantas del hogar familiar en Elm Street alimentan su imaginación infantil, mientras va mostrando un precoz interés por el dibujo al imitar sus tiras cómicas favoritas: Krazy Kat y Skippy. Testimonios locales recuerdan sus continuas visitas al Cementerio Presbiteriano junto a cierto episodio de arresto juvenil por entrar a una casa abandonada, lugar donde habría trazado con tiza un esqueleto.

Matriculado en la Escuela Westfield, logra su primer reconocimiento dibujando a un boy scout con botas de goma que rescata a un trabajador bajo un poste eléctrico. Además se le nombra director artístico en la revista estudiantil Weather Vane, publicando viñetas hasta graduarse en 1929. Tras un breve paso por la Universidad de Colgate y otro en Pennsylvania, su vocación lo reorienta a la NY Grand Central School of Art, ubicada a unas cuadras del semanario que desde 1925 atrae a cada joven ilustrador: The New Yorker.


“Qué hermosura / qué dulzura”

Addams envía varias muestras de su trabajo a The New Yorker hasta vender su primera colaboración (el dibujo de un limpia ventanas) el 6 de febrero de 1932. Los siguientes años traen un fuerte aprendizaje, ilustrando los artículos del periodista Harold Ross mientras gana dinero retocando fotos de cadáveres para la revista True Detective. Finalmente decide arriesgarse y hacia 1935 se entrega en exclusiva al dibujo, integrándose dos años más tarde a la plantilla habitual de The New Yorker.    

Precisamente es Harold Ross quien le anima a explotar su interés por lo macabro, en particular a unos siniestros personajes que - reunidos en un singular clan – terminan por adoptar su nombre. Partiendo el 6 de agosto de 1938, la primera caricatura de La Familia Addams presenta a una primitiva Morticia y su criado Largo para luego sumar al patriarca Homero, los pequeños Pericles y Morticia, la abuela, el Tío Lucas y el Tío Cosa; cada viñeta destila su genio gráfico, con escenas de desternillante morbosidad que suelen rayar en un delicioso mal gusto.

Y aunque logran un rápido éxito, los sketches del grupo no alcanzan la treintena entre los 1300 que el artista entrega a The New Yorker (algunos los elevan a 150, sumando otros chistes “macabros”). Será la versión televisiva del productor David Levy la que se fije a Los Locos Addams en el imaginario colectivo: una inusual sitcom iniciada el 18 de septiembre de 1964 con dos temporadas para ABC salpicadas de humor negro, buenas encarnaciones (destacando a la dupla Carolyn Jones/John Astin) y un estilo perpetuado en series animadas, películas o videojuegos.

Sin embargo, The Addams Family no vuelve a aparecer en las páginas de The New Yorker. Así lo condiciona el entonces editor William Shawn para autorizar la adaptación y el autor respeta el acuerdo, aun cuando otras revistas le proponen explotar la franquicia y editor Bob Gottlieb – quien sucede a Shawn - le pida retomarlos en 1987. Poco importan las posibles ganancias a un autor cuya creación siente devaluada en otras manos. 

13 de enero de 1940


Curiosamente, su caricatura más recordada no involucra a Morticia y los suyos, sino a una broma sobre esquiadores publicada el 13 de enero de 1940. Tan absurdo es el remate del sketch que un estudio psicológico alemán la declaró ininteligible para menores de 15 años, siendo usada hasta hoy en instituciones estadounidenses para calcular la edad mental de los pacientes. 
    
Charles Addams fallece en 1988, dibujando hasta sus últimos días para la publicación que tanto amó y donde alcanzó un estatus de clásico. Sin un relevo claro a inimitable estilo, su visión de la sátira gráfica hoy revive en las firmas de Daniel Brereton, Eric Pigors y otros; un legado que guarda menos deudas con el facilismo mórbido que con una franca complicidad hacia la resignada ironía de vivir y morir.    


“Tiene la extraordinaria facultad de hacer que lo normal parezca idiota al confrontarse con lo anormal”.
 -          Boris Karloff 

2 comentarios:

Arion dijo...

Siempre me ha gustado la familia Addams. Por cierto, muy buena tu página, te ubiqué gracias a tu post sobre Kid Eternity. Te dejo el link de mi blog para que me visites: www.artbyarion.blogspot.com

Saludos.

Gonxalo Oyanedel dijo...

Gracias por visitarme. Ya dejé algún comentario en tu blog y te añadí a mis recomendados.

Saludos, estimado.